SEIS revolucionarios
tengo en mi casa.
No lo dudéis es cosa seria.
Mientras unos revuelven
la alcoba y todos los muebles
de arriba a abajo;
otros vuelcan cajones,
rompen papeles
trepan sobre las mesas
mueven libros y frascos
que hay a su paso,
y se oye en la casa
tal alboroto, un tremendo barullo
que me agita y me anonada.
En vano grito, con mil protestas
y pudiendo un poco de orden
y cese de fuegos:
ya que unos hacen de jefes
y otros son los bandidos
que huyen matan o mueren.
Vaya un ejército de seis soldados
desaforados que me han tocado
Si yo irrumpo en la alcoba
salen corriendo, blandiendo
por el patio, palos y escobas.
Otras veces detengo a las heroínas
de sus batallas: dos pequeñitas
tan graciosas y picarescas
que siguen sin inmutarse
el ejemplo de sus hermanos.
Tan pronto corren de un lado a otro
entran y salen a todas partes,
o se esconden tras las macetas.
(Pobres macetas mías tan destrozadas)
o también salen precipitados
al fondo de la casa,
o sea al campo de operaciones.
No hay momento
que ellos lo pierdan.
Siempre están emprendiendo
nuevas jornadas.
Allí se lucen las cartucheras,
las sogas y los caballos;
o trepan sobre los cercos de piedras
que hay en el fondo del mismo patio.
No dejes escapar al bandido
(dice Fernando). Agárralo fuerte
que con esta soga voy a amarrarlo.
El bandido es Héctor (uno de los mellizos)
Roberto obedece muy presto
y lo sujeta junto al tronco
del molle que hay en el patio.
Vaya sorpresa que yo me tomo
cuando al salir encuentro al pequeño
que le están amarrando con una soga.
Pero en la esquina opuesta
Denis, el otro hermano mellizo
se apronta a rescatarlo
y tiene en sus manos
rifles y espadas, y sobre su caballo
(de madera) viene agitado
descargando su rifle: ta-ta-ta
- Cáyete Fernando, ya estás herido
- No, dice Fernando. Nosotros te atrapamos
te apresamos más bien.
Y comienza la batalla: ta-ta
pum-pum, -pin-pun-pan-pen
unos por retener al preso
y otros por rescatarlo...
Las dos pequeñas Venucia y Charo
se esconden entre los troncos
y riendo comentan este suceso;
de pronto salen y despacito
se dirigen al preso y lo libertan
mientras los otros están luchando.
Cuando advierten lo sucedido
presos y bandidos salen tras las
dos pequeñitas que muy asustadas
más que de prisa, salen corriendo
a esconderse en cualquier parte,
llegando a mi lado, dicen: "Mamita"
"Mamita escóndenos, que vienen
los bandidos para matarnos."
Yo las defiendo y boto a los
niños al patio, donde siguen
sus juegos y sus campañas.
Charito se aprovecha del momento
y me dice "Mamita, no te olvides,
dame mi cayanja y mi panzana
No se dice cayanja, corrige Venucia
(su prima) se dice cadanja y manzana,
y comienza la discusión entre las dos
- Que es panzana, no, que es cayanja
- No es cierto mamita?
- Bueno, bueno, les digo, dándole
a cada una su parte. Ahora
siéntense a comer su fruta
y déjenme en paz.
Las dos pequeñas se ríen
y guiñándose los ojos
se conversan no sé que cosas
presumo, sea de las muñecas,
con las que siguen sus juegos
estas "princesas" que así las
llaman en casa. Son tan traviesas
y tan graciosas, que les perdono
sus travezuras y sus andanzas
A estas dos princesitas
que a veces ríen, cuando
no lloran, y a veces cantan
y bailan con gran soltura
(cada una tiene cuatro años)
Al menos Venucia, es una artista
cuando poniéndose de puntillas
y sus manitas en alto, luce con
gracia un baile español.
Charito es la soprano que por
la casa se oye su voz, cuando
cantando dice: Quién será la
que me quiere a mí: Quién será?
Quién sera.
Y así transcurre el tiempo
entre risas y llantos
juegos, gritos y bullas
carreras y sustos de
estos revolucionarios
que con toda su gracia
y desenvoltura, ponen
en mi vida, luz y calor.
Seis revolucionarios
tengo en mi casa
No lo dudéis es cosa seria
Seis revolucionarios
que ponen la casa
de vuelta y media
llenando el ambiente
de algarabía
con trinos de infinito candor.
Con toda su gracia y su primor.
jueves, 8 de mayo de 2008
sábado, 3 de mayo de 2008
Te has ido
Te has ido tan lejos
que no puedo alcanzarte.
Por un designio impío
se ha truncado la dicha
de mi hogar y de mis hijos,
donde tu aliento era
la luz de cada día.
Fueron tantos los años
que unieron nuestras vidas:
donde pasamos juntos
pesares y alegrías.
Triunfantes o apenados
las horas y los días
siempre al calor del nido
volvían nuestras ansias;
la vida sonreía.
Uno a uno tus hijos
te recuerdan y nombran
porque fuiste el yunque
que forjó su alma fuerte,
en nobleza y trabajo,
con facetas serenas
de amor y de verdad
honor, virtud y caridad
Noble ejemplo infundiste
de sincera constancia,
de trabajo cumplido
con honor y lealtad.
Y en tu vida serena
reflejo de tu alma
había austeridad.
Palabras y enseñanzas
vertidas a tus hijos
quedaron bien grabadas
en el fondo de su alma;
ayer, tus consejos, una
sabia y sencilla verdad.
Hoy, tu recuerdo querido
bello ejemplo de bondad
No hubo promesas vanas
que hiciera de sus vidas
una cruel ansiedad.
No hubo dudas ni engaños
que torciera su mente
a la sana verdad.
Amor para sus vidas puras
fué la ofrenda de tu ser.
Tus palabras amantes eran luz,
una flor de caricia en su vivir;
florida senda por la paz y la fe
de tu inmenso y encendido querer.
Padre amante, noble y sereno
mostraste la grandeza de tu alma
brindaste a sus vidas la belleza
de nobles enseñanzas,
de amor, fe y honradez.
Cada uno de ellos en su corazón
ferviente, como hoguera encendida
cultivan siempre vivas de amor,
bendiciendo tu recuerdo y emoción.
Aunque te has ido lejos
si que estas con nosotros,
que nos brindas consuelo
en el pesar, cuando arrecian
las dudas y el dolor;
sé que aligeras la carga
de este triste vivir,
en la dura contienda y el fragor
y que alientas nuestras horas
de angustia y cruel orfandad.
Cinco rosas de fuego
arden constantemente
de tu recuerdo en el altar;
Cinco corazones heridos
que no dejan de sangrar,
cinco latidos hondos
de un largo suspirar
cinco oraciones puras
al Dios de la verdad.
Cinco lágrimas vivas
en tu sepulcro amado
sea la eterna ofrenda
para tu eterna paz.
que no puedo alcanzarte.
Por un designio impío
se ha truncado la dicha
de mi hogar y de mis hijos,
donde tu aliento era
la luz de cada día.
Fueron tantos los años
que unieron nuestras vidas:
donde pasamos juntos
pesares y alegrías.
Triunfantes o apenados
las horas y los días
siempre al calor del nido
volvían nuestras ansias;
la vida sonreía.
Uno a uno tus hijos
te recuerdan y nombran
porque fuiste el yunque
que forjó su alma fuerte,
en nobleza y trabajo,
con facetas serenas
de amor y de verdad
honor, virtud y caridad
Noble ejemplo infundiste
de sincera constancia,
de trabajo cumplido
con honor y lealtad.
Y en tu vida serena
reflejo de tu alma
había austeridad.
Palabras y enseñanzas
vertidas a tus hijos
quedaron bien grabadas
en el fondo de su alma;
ayer, tus consejos, una
sabia y sencilla verdad.
Hoy, tu recuerdo querido
bello ejemplo de bondad
No hubo promesas vanas
que hiciera de sus vidas
una cruel ansiedad.
No hubo dudas ni engaños
que torciera su mente
a la sana verdad.
Amor para sus vidas puras
fué la ofrenda de tu ser.
Tus palabras amantes eran luz,
una flor de caricia en su vivir;
florida senda por la paz y la fe
de tu inmenso y encendido querer.
Padre amante, noble y sereno
mostraste la grandeza de tu alma
brindaste a sus vidas la belleza
de nobles enseñanzas,
de amor, fe y honradez.
Cada uno de ellos en su corazón
ferviente, como hoguera encendida
cultivan siempre vivas de amor,
bendiciendo tu recuerdo y emoción.
Aunque te has ido lejos
si que estas con nosotros,
que nos brindas consuelo
en el pesar, cuando arrecian
las dudas y el dolor;
sé que aligeras la carga
de este triste vivir,
en la dura contienda y el fragor
y que alientas nuestras horas
de angustia y cruel orfandad.
Cinco rosas de fuego
arden constantemente
de tu recuerdo en el altar;
Cinco corazones heridos
que no dejan de sangrar,
cinco latidos hondos
de un largo suspirar
cinco oraciones puras
al Dios de la verdad.
Cinco lágrimas vivas
en tu sepulcro amado
sea la eterna ofrenda
para tu eterna paz.
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